
El dibujo es un lenguaje, que se usa para contar cosas. Si eso está claro, debería estar claro que si no tenemos nada que contar, no habrá dibujo perfecto que valga. Cuando empezamos a dibujar, simplemente disfrutamos haciendolo, y no tiene más, no pensmos en editoriales o criticas especializadas. Dibujamos y punto. Y eso es algo que bajo mi punto de vista no se ha de perder nunca. Está claro que si te profesionalizas y has de entregar un trabajo en una fecha, y te salen mil y un imprevistos, no te puedes concentrar y todas esas cosas que pasan, deja de apetecerte dibujar. Pero es cuando toca hacer memoria y recordar porqué empezaste.
Hace tiempo observé unos dibujos muy curiosos en un blog cojonudo que aperece en mis links. Me pareció un estilo fresquísimo, y no dejaba de alucinar con la soltura que había tenido el dibujante al diseñar esos personajes, esas formas. La poca presión y la libertad y creatividad con la que había trabajado eran abrumadoras. Bien, luego leyendo, ví que no era un dibujante, eran dos, uno de 3 años y otro de 6.
Este fué el dibujo que ví.Evidentemente un niño no tiene esa técnica pictórica, eso está claro, el color lo había dado Sam Nielson, el padre de los artistas, que imagino que entusiasmado con la creatividad de sus hijos no pudo evitar dedicarle unas horas a su obra. Estuve buscando si habían más ejemplos de lo mismo y encontré estos.
Tren MonoBrujaEn el de la bruja en concreto lo ví clarísimo, el personaje funcionaba muchísimo mejor en la versión del niño, que con un dibujo mucho más correcto como el del padre. Creo que no hay discusión posible, me parece mucho más terrorífico y místico.
Aparte de los ejemplo en este blog, hace poco he dado con un buen monton.
AQUÍEn este caso los dibujantes reversionan por completo la idea de los niños, no se trata solo de pintarlos. Vereis que en muchos de los casos, el dibujo del niño tiene una fuerza que luego se pierde en la versión del adulto.
Mí moraleja creo que es muy simple, dibujar es solo eso, contar cosas, sin llenarse la cabeza con mierda, que es algo a lo que los adultos estamos muy sometidos, pero cuando de dibujar se trata es muy importante vaciarse de todo eso y volver a tener la mente clara de un niño. Dibujo porqué me gusta, y dibujo esto porqué quiero, y si me vuelves a preguntar le dibujaré unos dientes muy grandes a mí personaje para que se te coma. Y si me dices que está mal, porqué el supinador no está bien colocado, te diré que un supinador no hace que un dibujo sea bueno o malo, sinó la propia alma del dibujo, que se esconde lejos de la técnica.